Sócrates en el aula del siglo XXI: Profundizando en la belleza de preguntar ????❓

Considerado por muchos como el fundador de la filosofía occidental, Sócrates (469–399 a. de C.) es el más ejemplar y extraño de los filósofos griegos. Creció durante la edad de oro de la Atenas de Pericles, sirvió con distinción como soldado, pero se hizo más conocido como el interrogador de todo, y de todos.

Su estilo de enseñanza, inmortalizado como el método socrático, implicaba no transmitir conocimientos, sino formular preguntas hasta que los alumnos llegaran al entendimiento por sí mismos.

Sócrates no escribió nada, por lo que todo lo que sabemos sobre él se debe a filtraciones de escritos de algunos contemporáneos y seguidores, sobre todo, de su famoso aprendiz Platón.

“No puedo enseñar nada a nadie. Sólo puedo hacerles pensar.” — Sócrates

Este hombre alentó la idea de que la filosofía debería ser un proceso de discusión y análisis, pero con énfasis en el diálogo. Al involucrar a las personas en esta interacción, Sócrates demostró que las respuestas a los cuestionamientos de la vida no eran fáciles de obtener. Cualquiera que participara en discusiones con Sócrates casi siempre consideraba que sus respuestas, a las preguntas filosóficas, eran inadecuadas o inaceptables. [1]

Lo que Sócrates inició en la Antigua Grecia con el método socrático y su mayeútica (discusión), ha inspirado nuevas formas de ver la educación, aunque no sería recomendable aplicar el método socrático en la sala de clases, sí seria adecuado inspirarse en él, a esto le llamamos pedagogía Socrática.

La pedagogía Socrática

Puede ser aplicada de manera transversal en cualquier asignatura. Se trata de una educación reflexiva, en la cual el pensamiento es entendido a través de un proceso indagatorio. Se busca una relación entre el profesor y los estudiantes, en la que el docente comprende que sus alumnos quieren aprender por sí mismos. Todo esto con el fin de proporcionar un medio práctico para que mejoren su capacidad de pensar sobre los problemas, que con seguridad encontrarán a lo largo de sus vidas.

El aprender a preguntarse

No todas las preguntas se crean de la misma manera. Tenemos hábitos profundos en nuestra forma de cuestionarnos. Cuando creamos una pregunta, muchas veces ya sabemos la respuesta, o esperamos que alguien la conozca.

El cuestionarse se debe transformar en una capacidad para la adaptación, para la evolución. Preguntas pobres nos llevarán a lugares ya conocidos.

En ciencias, cuando se aborda una teoría, se considera que la certeza de esta se encuentra condicionada hasta que se alcance algún acuerdo a través de evidencia. Una vez que se alcanza, la certeza se convierte en un hecho, porque no queda nadie quien dude. Los científicos son humanos, y la ciencia es un esfuerzo humano, por lo que debemos esperar que la ciencia sea propensa a errores como cualquier iniciativa humana.

La educación debería comprender la enseñanza de la incertidumbre; parte fundamental de las ciencias físicas (microfísica, termodinámica, cosmología), de las ciencias de la evolución biológica y de las ciencias históricas [2].

Un niño de cuatro años hace un promedio de 400 preguntas por día. Nuestro sistema escolar está estructurado en torno a recompensas por regurgitar la respuesta correcta, en lugar de buscar el debate, de hecho, desalienta el formular preguntas. El resultado de esto, es que a medida que envejecemos, dejamos de cuestionar.

Hacer buenas preguntas es esencial para encontrar y desarrollar soluciones, una habilidad importante en innovación, estrategia y liderazgo.

Me gustaría imaginar una educación donde pudiesemos volver a nuestra mente de niños, cuando descubrimos la pregunta ¿Por qué?; sin prejuicios, dudando, queriéndolo entender todo desde la honestidad brutal, gestado desde la profunda curiosidad.

Millones de personas vieron la manzana caer, pero Newton se preguntó ¿por qué?

La educación debiese dar espacio para ejercitar la incertidumbre del conocimiento, no sólo su certeza. Demandas de cobertura en el currículo obligan a los profesores a ser “eficientes” en lograr los objetivos de aprendizaje en el tiempo esperado. Con un escenario poco alentador, ¿podemos intentar incorporar pedagogía Socrática en nuestras salas de clases? Pues creo que sí, motivados desde la profunda convicción de entregarles a nuestros niños y jóvenes herramientas para toda la vida. Por ellos y para ellos.

¿Cómo identificamos preguntas que fomentan una pedagogía Socrática?

Las preguntas abiertas funcionan mejor para involucrar a los estudiantes en el diálogo, ya que ofrecen la oportunidad de debate.

Evitemos hacer preguntas cerradas, que sugieran la respuesta o donde se responda con  o no.

Un ejemplo de pregunta cerrada es: ¿Cómo te fue en el examen?, y el de unapregunta abierta: ¿Qué piensas sobre el examen que tuviste?. El segundo ejemplo invita a razonar, reflexionar y pensar sobre el tema.

El aula Socrática

¿Cómo podemos transformar nuestros entornos de aprendizaje para fomentar una educación reflexiva?

En un post anterior, en La República STEAM, hablamos sobre la importancia actual de la educación STEAM.

Los objetivos principales de un enfoque educativo STEAM es la integración entre disciplinas. Con esto se apunta a conseguir la transdisciplinareidad como nivel de integración máximo. Esto significa que a través de problemas reales, los estudiantes aplican conocimiento y habilidades desde dos o más disciplinas, lo que ayuda a darle forma a la experiencia de aprendizaje, siendo una de las habilidades fundamentales en este enfoque, el pensamiento crítico.

La pedagogía Socrática desarrolla el pensamiento crítico a través de preguntas abiertas, navegando por ellas con curiosidad y educando reflexivamente.

¿Pero cómo guiamos a nuestros alumnos a resolver problemas reales? A través de preguntas.

“Si tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución, pasaría los primeros 55 minutos determinando la pregunta correcta para hacer… una vez que conozca la pregunta adecuada, podría resolver el problema en menos de cinco minutos.” — Albert Einstein

Warren Berger, famoso “preguntólogo”, en su investigación para el libro “A More Beautiful Question” [3] analizó docenas de historias de innovación (entre ellas las de Polaroid, Netflix, Pandora, Square, Nest y Airbnb). Descubrió que las preguntas no sólo eran fundamentales para el proceso de resolución de problemas, sino que ciertos tipos de preguntas, en una secuencia progresiva, parecen ser especialmente efectivas para ayudar a los innovadores a trabajar por una solución.

Estas preguntas esenciales son las siguientes:

  1. ¿Por qué?
  2. ¿Qué pasaría si?
  3. ¿Cómo?

Las preguntas “¿Por qué?” son ideales para enfrentar un desafío o problema existente; nos ayudan a entender las causas del problema, el motivo de su no resolución y por qué vale la pena abordarlo.

Las preguntas “¿Qué pasaría si?” pueden usarse para explorar nuevas ideas en busca de posibles mejoras o soluciones, desde un punto de vista hipotético.

Cuando llega el momento de actuar sobre esas ideas, los tipos de preguntas más efectivas son las prácticas, orientadas a la acción que se centran en el “¿Cómo?”: ¿cómo dar forma a las ideas?, ¿cómo probarlas y refinarlas con el objetivo de transformar la posibilidad en realidad?.

¿Y tú?, ¿a cuántos futuros innovadores puedes impactar fomentando aulas Socráticas, enseñándoles a pensar por sí mismos?

Nota original en https://medium.com/la-repblica-steam/s%C3%B3crates-en-el-aula-del-siglo-xxi-6ad1f43e6805

[1] The Socratic Classroom: Reflective Thinking Through Collaborative Inquiry. 2012. Sarah Davey Chesters

[2] Los Siete saberes necesarios para la educación del futuro. 1999. Edgar Morin.

[3] A More Beautiful Question: The Power of Inquiry to Spark Breakthrough Ideas. 2014. Warren Berger.


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